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UNA ANECDOTA PARA RECORDAR A JUAN ANTONIO GUAJARDO

por Joel Cárdenas

Ante el crecimiento en población y por ende el aumento a los delitos del fuero común, el Gobierno del Estado, vía PGJ, decide crear una segunda Agencia Investigadora del Ministerio Público en esta ciudad, allá por los años 90s.

Y para hacerlo, llaman al reynosence y hoy Delegado de Transporte Público en Reynosa, Javier Cabada Rosales; habiendo tanto abogado local con mayor capacidad, Cabada fue el elegido para que se hiciera cargo de la oficina, apoyado por el riobravense Francisco pancho Becerra.

Esa oficina, operó durante años en la calle 16 de septiembre, frente a la Casa de Ladrillo lado oriente, en lo que hoy es un negocio de venta de artículos americanos.

Bueno púes, meses después de iniciado su trabajo, el nuevo fiscal tuvo su primera bronca, nada más y nada menos que con el finado, dos veces presidente Municipal, diputado local, federal y hasta senador, Juan Antonio Guajardo Anzaldúa.

Claro…a Cabada le fue mal porque tuvo que doblar las manitas ante el señoron que tenía enfrente…..Guajardo le pidió un favor a Cabada y éste, envalentonado por el cargo, se lo negó…no duró mucho Javier Cabada como fiscal en esta ciudad, porque así lo quiso JAGA.

¿Que favor le pidió Guajardo a Cabada?me preguntan.

La liberación rápida de su hermano Juan Diego.

Resulta, que el también dos veces presidente y diputado, había tenido un accidente de tránsito en pleno centro de la ciudad y como hubo daños y una jovencita lesionada, pues lo llevaron a la fiscalía en calidad de arresto.

«Aquí hay lana» diría el recién nombrado fiscal segundo investigador al saber que se trataba, según dicen que dijo, de un niño bien.

Juan Diego Guajardo, aún era un adolescente….esa tarde paseaba en su camioneta Dodge Charger color blanca e iba acompañado de su amiga y una pareja más.

El asunto es que al pasar frente a lo que fue el cine Rey, algo sucedió en el interior y Diego pierde el control del vehículo para chocar y volcar a mitad de la avenida Madero.

Las autoridades de vialidad llegaron, realizaron su trabajo y para lavarse las manos al saber que eran de los Guajardo, deciden llevar a Diego a disposición del duro fiscal Javier Cabada.

Aclaro que Juan Antonio aún no le entraba la espinita de la politica, pero lo que si se sabía, es que era un tipo con muchas palancas, tenía amigos y muy amigos en todos lados… en todos los niveles de gobierno, incluso en la Sedena donde decian, se le respetaba y hasta se le cuadraban.

– ¿Quien esta a cargo aquí ?-

Preguntó Juan Antonio al personal de la fiscalía a donde llegó tan pronto supo que Diego estaba en calidad de detenido.

– El Lic. Cabada, le respondió Pancho, el oficial secretario.

Al escuchar su nombre, el fiscal salió de su privado y al momento encaró a quien preguntó por él.

– Digame – que se le ofrece, preguntó Cabada en tono un tanto altanero como para medir fuerza con el recien llegado que, a su costumbre, lo hizo en plan retador y mucha seguridad en sí mismo.

Guajardo, hábil como era, notó el tono nada amable del fiscal y no se intimido…vengo por mi hermano, apuntando con su índice de su mano derecha a Juan Diego, que permanecía muy serio y sentado esperando turno.

– Pues no mi amigo, tendrá que ser en su tiempo y forma, él muchacho está en calidad de detenido porque hay daños y una jovecita lesionada, así que tendrá que esperar, es más, no se ni quien eres.

¡Y esa respuesta, esa respuesta fue una bomba para el gran JAGA!

– ¿Ha, no me conoces, no sabes quien soy- ?..- bueno púes ahora lo vas a saber –

Metiendo su mano al bolsillo, Juan Antonio sacó su Nokia y llamó, ¡quien sabe a quién! pero la respuesta fue tan rápida como inmediata.

– Ten…ahí te hablan – le dijo a Cabada al tiempo que le entregaba el aparato.

– Esteeeee, sí señor, si licenciado, como usted diga, si como no, yo me disculpo ahorita mismo, gracias señor, saludos a la familia –

¿A quien Le llamo JAGA…? vaya usted a saber, pero lo que si fue cierto, es que Juan Diego se fue en ese momento y días después Cabada dejó de ser fiscal en RB como lo anunció Juan Antonio antes de salir de las oficinas junto con su hermano y abordar su camioneta Suburban de color guinda.

– Que tal Joel, ahí te encargo una foto de ese cabrón….lo voy a correr por grosero –

Y si, así fue. fin.

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