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EL FANTASMA QUE PUSO EN JAQUE A LA POLICÍA MINISTERIAL.

por Joel Cárdenas

Hace más de 25 años, la ciudad de Río Bravo no dormía, y vivía con el Jesús en la boca; no por las fiestas ni algo que se le pareciera, sino por el temor y el miedo que causaba un ladrón al que la prensa de esa época lo bautizó con el mote de: «El Hombre Araña», un tipo del que no se conocía ni el nombre ni el rostro, pero se había convertido en un verdadero dolor de cabeza para la policía Ministerial del Estado y por consecuencia, la presión para el comandante ya era mucha.

El Hombre Araña, del que después se supo era un tipo dedicado a su taller de soldadura en la colonia Morelos, no era un delincuente común; era un artista de la evasión que parecía conocer los puntos ciegos de cada cámara de seguridad analógica y el horario de cada patrulla policiaca.

​Durante meses, este personaje vació por varias ocasiones las cajas registradoras de diferentes comercios de la zona centro, así como las cajas fuertes de empresas comerciales con una limpieza quirúrgica….nunca dejaba huellas y jamás usaba la violencia. Las autoridades, frustradas, veían cómo los titulares de prensa se burlaban de su incapacidad, mientras el ladrón parecía desvanecerse en el aire tras cada golpe.

La particularidad del Hombre Araña, era que solamente pegaba en comercios de la zona centro, es decir, no era un ladronzuelo cualquiera, porque no robaba en residencias.

​Ramiro Rodriguez (+) comandante de la Policía Ministerial en ese entones, al igual que sus jefes de grupo – ente ellos Rosendo Salgado – decidieron que ya era suficiente de aplicar métodos convencionales, y se dijeron que, si el ladrón era metódico, ellos tendrían que serlo aún más.

Y ante ello Implementaron una operación de tres fases:

​Vigilancia de triangulación: lograron saber que el ladrón trabaja siguiendo un patrón en los escapes; todos terminaban cerca de la misma zona.

Filtraron información falsa sobre un cargamento de mercancía de gran valor que llegaría a una vieja bodega sin mucha vigilancia y en la que antes operó la tienda del Issste. No esta por demás decir que El Hombre Araña le pegó a esa tienda de Gobierno entre 4 y 5 veces y jamás lo Identificaron.

Otras veces, los Agentes vestidos de civiles se mimetizaron como indigentes y vendedores ambulantes en un radio de cinco manzanas, cercanas a ese negociación, con la firme idea de sorprenderlo.

​El Acto Final:

El Hombre Araña ya se creía intocable y al saber que nadie estaba por encima de él, siguió operando:

Hasta que….el operativo de la PME dio resultado.

Luego de horas, días y meses sin dormir bien, el jefe de grupo Rosendo Salgado daría la voz de alerta.

¡Adelante…adelante, adelante…comandante, ya tenemos al Hombre Araña, ya lo tenemos», dijo emocionado por la frecuencia.

¡Aquí lo estoy viendo, esta sobre al techo de la tienda del ISSSTE y esta utilizando un soplete para cortar las vigas! remató

El habil ladrón, dado su oficio utilizaba el equipo para atracar….cortaba vigas y láminas para bajar y robar para luego salir y del mismo modo, soldar lo que había cortado y acomodar las láminas y así nadie se daba cuenta.

El Policía que lo sorprendió, diría que estando en vigilancia en ese sector, observó una especie de relámpago sobre el techo de la tienda y luego de poner atención, confirmó que un individuo realizaba trabajos de soldadura a pesar de la hora que era, además, encontraron su camioneta a varias cuadras de distancia.

Y fue el fin de El Hombre Araña.

​»¡Manos donde pueda verlas!», gritó gritó el comandante Regino a todo pulmón una vez que llegó con los refuerzos al lugar.

​El ladrón, con las herramientas aún en las manos y una bolsa que no llegaría a urilizar, se quedó petrificado. No hubo persecución cinematográfica ni tiroteos. El mito del fantasma se derrumbó cuando las esposas chasquearon sobre sus muñecas.

Como ya se dijo, el ladrón resultó ser un soldador resentido con el sistema, cuyo único error fue creer que el mundo y la PME seguían siendo tan lentos.

​La captura del Hombre Araña puso fin a una era, a toda una estela de robos; alivio por supuesto el dolor de cabeza para la corppracion y la ciudad literalmente recuperó el aliento.

Camino a la cárcel, no faltó quien le grito al Hombre Araña…¡Oye cabrón, si serás re pendejo, si ya habías robado muchas veces y ya tenías harta lana, pa’que te la seguías jugando!

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