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CRÓNICA DE UN FRUSTRADO SECUESTRO

por Joel Cárdenas

Primera parte…..

Esa soleada mañana de verano de 1996, un vehículo con placas del Estado de San Luis Potosí, con tres tipos a bordo, rondaba por la avenida principal Francisco I. Madero y, a decir de algunos comerciantes, se les hizo un tanto raro y sospechoso que lo hiciera hasta en tres ocasiones y más porque al pasar por la joyería El Kilate, detenían un poco la marcha y veían de manera insistente hacía el interior, algo así como quien busca a alguien a lo lejos.

Sin embargo, de ahí no pasaría a más.

El Agente de la Policía Ministerial del Estado, Ricardo Augusto Hinojosa, ‘’El Picos’’, como todos los días salió de su residencia situada allá frente a la Boca del Payaso lado sur. Antes de llegar a su base, la cual estaba localizada frente al Hotel la Mansión, decidió hacer un recorrido precisamente por la calle Madero para luego meterse al Restaruant San Benito a tomar café con su grupo de amigos a los que llamaba ‘’Los Peliguey’’.

Decía El Sérpicos que los peliguey eran pelao’s muy finos finos…¡pero sin lana….!Decir que ‘’El Picos’’ era un buen policía no bastaría porque la verdad, para eso de la investigación era buenísimo, siempre y cuando le ‘’soltaran el hilo’’. Nos contaría poco después éste elemento ya retirado por cuestiones de edad y salud, que cuando circulaba en su modesto auto-patrulla, se le hizo muy sospechosa la forma en que el automóvil antes mencionado se encontraba estacionado frente a la Casa de la Cultura y más la forma en que tres individuos permanecían en su interior.

‘’Nosotros los de Río Bravo conocemos bien la gente de aquí, sabemos sí esa persona es de aquí o viene de afuera y precisamente esos tres tipos, uno de ellos casi agazapado en el asiento trasero, actuaban de manera sospechosa y eso me dio muy mala espina’’.

Su olfato policiaco le dictó al agente Ministerial que tenía que actuar al momento de ya, no importaba si andaba solo, el caso es que tenía que cerciorase de quienes eran esos tipos que, de bote-pronto le parecieron muy sospechosos.

Con ese pensamiento, el ‘’Picos’’ aceleró su auto –patrulla hacía el poniente, por la misma Madero y viró a su izquierda tomando la calle Juárez hasta llegar a la Constitución. Temiendo que el carro con los tres tipos sospechosos pudiera perdérsele de vista, siguió hacía el oriente a velocidad un tanto veloz pero ya haciendo uso de su radio de frecuencia para solicitar refuerzos a la base, unos refuerzos que quien sabe por qué razón, pero no llegarían, al menos en esos precisos momentos.

De la Independencia tomo al norte de la 16 de septiembre hacia la Madero y así, sin los refuerzos que no llegaban, estaciono el carro a manera de quedar a unos cuantos metros atrás del vehículo sospechoso.

Como buen policía, con su diestra derecha afianzando su pistola que se podía ver en su cintura, bajo de su vehículo y camino muy lentamente hacía el auto de los dos individuos; el que iba en el asiento posterior, algo presintió porque al ver venir al elemento policiaco, se agazapo más hasta quedar casi acostado.

La sorpresa fue pieza fundamental para que no ocurriera un enfrentamiento; los tipos jamás pensaron que un solo policía los habría de sorprenderlos y luego detenerlos. Viendo el cañón de la poderosa escuadra ‘’Del Picos’’ muy cercas de su rostro, los tres personajes no tuvieron otra opción que bajar del auto muy lentamente, como se los exigía el policía entre grito y grito.

Así, entre palabras muy floridas e insultantes – muy común en las corporaciones – y siempre amenazando con dispararles si hacían algún movimiento sospechoso, los obligó a juntarse con las manos en la nuca. Los refuerzos no llegaban y haciendo de tripas corazón, a Hinojosa no le quedó de otra que aventarse el tiro él solo.

Confiando en su arma y en sus buenos reflejos, El Picos se acercó más al auto de los sospechosos e inició a revisar el carro con todo y que tenía enfrente – sin saberlo todavía- a tres peligrosos y presuntos secuestradores.

Aparentemente los presuntos ‘’malandros’’ no portaban arma consigo, sin embargo, al revisar el interior del vehículo, el policía Ministerial observó muy bien acomodados, ese material que se utiliza en los secuestros para neutralizar a las víctimas, así como dos o tres armas de fuego.

Es menester comentar que para cuando los tipos ya estaban sometidos, arribó el jefe de grupo con algunos de sus elementos haciendo alarde de prepotencia y llamando la atención de la gente que pasaba por el lugar.

Cuerdas, cinta canela, vendas para los ojos y otras cosas más encontró ‘’El Picos’’ y eso fue razón suficiente para considerar su traslado a los separos de la Policía Ministerial del Estado en calidad de detenidos, oficinas que estaban ubicadas frente al Hotel la Mansión.

Con esas evidencias los tipos estaban fritos……solo restaba saber a quién o a quienes iban a secuestrar.

De sobra es conocida la forma en que los presuntos maleantes fueron tratados en la comandancia para que soltaran la sopa; uno a uno los agentes se turnaron para interrogarlos ya que ninguno quería hablar, sin embargo, a los tres les aplicaron las viejas prácticas de interrogación, cosa que finalmente rindió sus frutos y uno a uno fueron cantando.

-¡Ya…ya…ya, está bien, está bien, venimos por….!Continuará…

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